domingo, 5 de julio de 2009

Un tigre que viaja en globo

El 28 de agosto de 1994 no fue un día más para Ricardo Alberto Gareca. Con la 15 en su espalda roja, se acomodó en el punto del penal y esperó que el centro de Diego Cagna se desvíe un poco en el hábil pie de Daniel Garnero. Agazapado, como un verdadero tigre, remató y convirtió el cuarto gol de una goleada histórica. Aquel domingo noventoso, Independiente le ganó 4 a 0 a Huracán, en la Doble Visera, y se consagró campeón. Fue, también, su cuarto tanto en la cuenta personal frente al Globo, en 13 partidos jugados, y significó el retiro del fútbol para el ya veterano delantero. Huracán, con Héctor Cúper en el banco, llegaba a Avellaneda como el líder del certamen, un punto arriba del equipo dirigido por Miguel Brindisi. A la historia, con protagonistas en común, le sobran puntos de contacto con lo que sucedió hoy por la tarde en el Amalfitani. "Ojalá que se repita la historia de 1994. En esa etapa estaba como jugador y ahora estoy como entrenador. Pero de casualidad se da la misma situación y ante el mismo rival", admitió Gareca, en la previa. Intuición pura, como la que tenía dentro del área.

Nació el 10 de febrero de 1958 en Tapiales, provincia de Buenos Aires e hizo sus primeros pasos en Boca Juniors. Pero como a todo pibe xeneize, le costó. Por eso, en 1981 se fue a préstamo a Sarmiento de Junín y recién volvió con buena chapa un año después. Su paso por el club de la Ribera fue bueno, aunque el presente económico de la institución no acompañó a un equipo venido a menos tras la partida de Maradona. Ya en 1985, con Boca sumergido en una grave crisis, dos chicos del club se fueron a la vereda de enfrente: Gareca y Oscar Ruggeri ficharon con River Plate, con la promesa de que un club serio iba a pagarles todo lo que les correspondía. El diario Marca preparó recientemente un listado con los "traidores del fútbol" y el Cabezón está tercero, detrás de Figo y Roberto Baggio. Quizás Richard se salvó porque su paso por Nuñez fue efímero y al poco tiempo ya estaba jugando en Colombia, más precisamente en el América de Cali, junto a compañeros como el arquero Julio César Falcioni. "Willington Ortíz era un fenómeno, si jugara ahora sería figura internacional; Gareca estaba en su plenitud; Álex Escobar ponía pases exactos; Anthony De Ávila, desequilibrante, y estaba Ischia también", recordó hace poco el actual técnico de Banfield. Lograron tres subcampeonatos en la Copa Libertadores y varios campeonatos locales, pero no todas son rosas a la hora de recordar a ese equipo. En 2007, Fernando Rodríguez Mondragón, hijo de Gilberto Rodríguez Orejuela, uno de los jefes del desarticulado Cartel de Cali, involucró a los argentinos en el libro "El hijo del ajedrecista". Nunca se escuchó un descargo, pero muchos famosos hicieron el suyo antes de que el escrito salga a la venta. Hasta el Chavo y la Chilindrina, con Roberto Gómez Bolaños a la cabeza, desmintieron haber brindado shows para las familias más poderosas.

Pero el paso futbolístico de Gareca por Colombia fue mucho más que denuncias de poca monta. Y en una nota con la revista El Gráfico, cuando vino a jugar una Copa Ciudad de Mar del Plata y lucía su cabellera al viento y una campera roja del América, hasta se animó a doblar la apuesta de su regreso al país: "puedo volver a ser ídolo de Boca", comentó.

Con la camiseta de la selección nacional, jugó las eliminatorias para México 86 y convirtió un gol que fue decisivo: frente a Perú, anotó el 2 a 2 final que clasificó al equipo de Carlos Bilardo. Los aplausos, los abrazos y los besos fueron para Daniel Passarella, que le pegó rasante desde la derecha y se transformó en el héroe. Pero la pelota golpeó en el palo y Gareca fue quien finalmente anotó con el arco desguarnecido. Ni la historia, ni Bilardo lo reconocieron y quedó afuera de la lista de los 22 que se consagraron campeones mundiales en tierras aztecas.

Ya en 1989, volvió al país. No fue a Boca, sino a Vélez, el club del cual es hincha confeso. Estuvo hasta 1992, mientras seguía mostrando su capacidad goleadora. Y justo antes de que el equipo de Liniers pase a las tapas de todos los diarios, gracias a la mano de Carlos Bianchi, él se fue. "¿Si me arrepiento? No, para nada. Por supuesto que me hubiese gustado salir campeón con Vélez como jugador. Si ahora volví al club quiere decir que las cosas mal no las hice. Uno de aquellos jugadores que recién empezaba, Bassedas, hoy es el manager y fue quien ahora me llamó para dirigir al equipo. Está claro que me manejé bien en esa etapa y por eso me abrieron las puertas como técnico", confesó en los días previos a la finalísima de hoy.

Su vida como jugador finalizó en Independiente y a partir de allí empezó su carrera como director técnico. En la 94-95 se inició en el Nacional B con San Martín de Tucumán y posteriormente pasó a entrenar a Talleres de Córdoba con el cual, a pesar de realizar una buena campaña, no pudo llegar a primera. En 1997, volvió a Avellaneda, aunque esta vez desde el banco Los resultados no lo acompañaron y se fue rápido. Nadie mejor que él para entender lo que sucedió: "El equipo del Flaco Menotti jugaba bárbaro. Y cuando asumo yo, se van Acuña, Calderón y Matute Morales. Y todo giraba en torno a ellos", contó sobre aquel momento. De los golpes se aprende, pensó.

Volvió a la T y se quedó hasta 1999. En una final no apta para cardíacos, logró ascender tras ganarle por penales a Belgrano y hasta se coronó internacionalmente en la última edición de la Copa Conmebol. El recientemente descendido al torneo Argentino A tocó el cielo con las manos. Luego pasó por Colón, pero la historia le tenía otro paso por Córdoba, aunque la grave crisis económica y deportiva del club no ayudó. Ya en 2002 pasó por Quilmes y Argentinos Juniors, ambos en el Nacional B, pero no pudo volver a la elite. Para el 2003, se juntó nuevamente con su amigo Oscar Ruggeri. Fue en Elche, de España. La dupla técnica no consiguió el ascenso y la primera experiencia internacional no tuvo un final feliz. Igual, siguió dando vueltas por el mundo y no pudo descartar una oferta de América de Cali, donde es ídolo. En 2005, sacó buenos resultados, pero otra vez la floja billetera de los dirigentes interfirió en su trabajo y tuvo que abandonar el club por falta de pago.

Al año siguiente, fue contratado por el Independiente de Bogotá, equipo al que dirigió en la Copa Libertadores y con el cual ganó el grupo conformado por Estudiantes de La Plata, Bolívar y Sporting Cristal, aunque la aventura americana se terminó en octavos de final.El 2007 le tenía preparado su último paso por Talleres, pero no le fue bien. Fue uno más en la lista de los entrenadores que fueron parte de la crónica de una muerte anunciada. Y desde allí se fue a Universitario de Deportes, de Perú. A los puntos de contacto del choque en Liniers se le podía sumar tranquilamente este: Ángel Cappa y Ricardo Gareca se consagraron campeones con la U. El ex artillero lo hizo en 2008, cuatro fechas antes de que termine el torneo.

En diciembre, se desvinculó y firmó con Vélez. El 5 de enero de este año ya estaba al mando del equipo y el 11 le confirmaban que Maxi Moralez llegaba para darle un plus al mediocampo. Con el tiempo apareció Otamendi, se destapó Rodrigo López y se armó un equipo sólido. El resto ya es historia. El Fortín llegó a la última fecha a un punto del team de Parque Patricios y lo recibió con la esperanza de un triunfo que sea sinónimo de campeón. Como en aquel invierno de 1994, pero en Liniers. "El único estilo que me interesa es ganar", declaró antes del partido, como para marcar distancias con el juego colectivo del rival. "Todo lo que me ha pasado en el fútbol, bien o mal, me hizo crecer", dijo tras su partida del Independiente modelo 97. Vaya si creció: el 5 de julio de 2009, ante Huracán y con una previa que lo mostraba en desventaja según la tabla de posiciones, Ricardo Gareca volvió a gritar campeón. La casualidad los juntó 15 años después y volvió a no mostrar su lado cortés. Como diría Andrés Calamaro, no se olviden que es distinto de aquél, pero casi igual.

NOTA. El artículo "Ricardo Gareca, un tigre que viaja en globo" fue publicado el 5 de julio de 2009 en canchallena.com.