domingo, 11 de octubre de 2009

El goleador que escribió otro capítulo fantástico

El  guión parece escrito por el mejor director cinematográfico que uno pueda conocer. Parece la película de nunca acabar la que sigue escribiendo Martín Palermo -de 35 años-, cuyos goles en Boca trascendieron a la selección, para salvar a la Argentina, cuando más lo necesitada, cuando el agua casi le superaba el cuerpo al equipo de Diego Maradona en este espinoso camino al Mundial, ahora alivianado, ya que, con un empate en el Centenario ante Uruguay, el miércoles próximo, el conjunto nacional podría asegurarse su lugar en Sudáfrica 2010.

Primero fue el pedido del público que se ubicó en la tribuna Centenario, luego fue su ingreso en el inicio del segundo tiempo y más tarde le llegó el turno a un golpe en su cara. Como un boxeador, tuvo que recibir asistencia médica y quedó como único delantero de área ante la salida de Gonzalo Higuaín a los 22 minutos de la segunda mitad. Juntos, no lograron juntarse cerca del arco de Perú, aunque Pipita soportó la presión de su presencia y abrió el marcador dos minutos después del descanso.

La lluvia fue la frutilla del postre. El viento y un aguacero digno de película armaron el escenario ideal. Pero la selección dirigida por Diego Maradona empezó a tirar pelotazos y perdió el control del balón, ante un Perú que se animó. Mientras, Martín Palermo se mostraba lejos de los volantes y los centros pasaban lejos de su cabeza.

El empate de los peruanos fue el condimento que faltaba. Lluvia, viento, golpe, resultado adverso y un buscapié. Un bendito buscapié de Federico Insúa que pasó por todo el área visitante y llegó a los pies del hombre que hace del optimismo un oficio. El Titán, el goleador solicitado desde los primeros minutos del primer tiempo, tocó la pelota e inició el descontrol maradoniano y el desahogo albiceleste. La selección empataba, quedaba mal ubicada para la última fecha, jugaba mal y, en la tormenta, apareció Palermo.

Entonces, contra el arco que da a la Avenida Figueroa Alcorta, Palermo corrió en una carrera alocada, mientras Maradona se arrojaba de palomita al césped, se zambullía en el barro, para comenzar otra alocada carrera. Esa apuesta de Diego le dio los frutos tan esperados, cuando ya nadie lo esperaba, en el momento que el telón caía sobre un partido deslucido y casi trágico para la selección. "Andá y resolvé esta historia", le dijo el técnico en un entretiempo premonitorio.

Esa estela de Palermo-salvador se sentía desde bien temprano. Cuando por los altoparlantes se anunció la formación de la Argentina, Palermo, quien estaba en el banco de suplentes, fue el más aplaudido de todos, a pesar de que estaba en el estadio Monumental, un lugar no tan amigable para Martín, quien, por primera vez, se cambió en el vestuario local de la cancha de River.

A sus 15 días intensos, con un par de goles a Ghana y su tanto de cabeza desde casi 40 metros, le agregó un grito que jamás olvidará. Otro más para una película con final abierto y ribetes insólitos. Martín Palermo conectó ese tiro cruzado y dejó a la Argentina a salvo.

Palermo lo hizo. El penal con las dos piernas, el gol a River cuando volvía de una rotura de ligamentos, los tres penales malogrados en la Copa América, hace más de diez años, el gol a Vélez de cabeza de afuera del área o el de mitad de cancha contra Independiente. Más imágenes, más capítulos. Ahora, Martín le sumó uno con destino Mundial. 

NOTA. El artículo "El goleador que escribió otro capítulo fantástico" fue publicada, en coautoría con Pablo Hacker, el 11 de octubre de 2009 en canchallena.com