domingo, 9 de diciembre de 2012

Una Triple Corona pasada por agua

Tortugas duró exactamente un mes, cuando el calendario original marcaba una extensión de 11 días menos. Hurlingham, casi a las apuradas, se terminó en 14 días. La antesala del Argentino Abierto de Palermo tuvo dos meses pasados por agua, producto del trimestre más lluvioso en Buenos Aires de los últimos 100 años, con agosto y octubre a la cabeza. La lluvia que cayó sobre los campos y los números oficiales del servicio meteorológico pueden dar fe de una Triple Corona pasada por agua. 

Después del récord de lluvias de agosto, llegó un septiembre que no dio tregua y la frutilla del postre fue otro histórico octubre. Y, luego, como para ponerle el moño al inestable clima primaveral, la provincia recibió un fuerte temporal el pasado 9 de noviembre. Un combo que perjudicó a organizadores, jugadores, caballos y público. Dejando de lado el respeto por los tiempos que se manejan con Palermo, que empezó en fecha el pasado 17 de noviembre, el fixture modelo 2012 fue un verdadero rompecabezas. Un acertijo indescifrable por el que desde la organización tuvieron que afinar el lápiz y mirar al cielo ante cada reprogramación.

Un ajuste que tuvo a la final del Abierto de Tortugas disputándose en la cancha 2 de Palermo, el 25 de octubre. Sí, un jueves. Fue el agónico La Dolfina 12 - Ellerstina 11, a un mes del primer partido del torneo entre Pilará y La Natividad. Y para llegar a esa jornada, la ruta no fue para nada sencilla y los cambios se multiplicaron al por mayor: primero, la fecha original era el sábado 13 de octubre, pero después se esperó que mejoren las condiciones climáticas para el miércoles 17. Sin buenas noticias en el kilómetro 38.5 de la ruta Panamericana Ramal Pilar, todo pasó al viernes 19. Así, y con el inicio de Hurlingham ya postergado, los días se fueron sumando, al ritmo de los milímetros que cayeron sobre el suelo bonaerense. 

Los cónclaves en la Asociación Argentina de Polo, en la búsqueda de alternativas, aumentaron y se manejó una alternativa excepcional, que finalmente terminó siendo la sede de la final: la cancha 2 de la Catedral recibió la definición de Tortugas, aunque el predio no permita el desarrollo de encuentros en el mes previo al inicio del Argentino Abierto. 

Con una sorprendente gran cantidad de público en las tribunas, por ser un jueves, el césped respondió de buena forma y los enojos de los jugadores estuvieron más relacionados a la preparación de su caballada que al estado del escenario. Aunque quien explotó ante la prensa fue Adolfo Cambiaso, quien le apuntó a la dirigencia de la AAP desde el diario La Nación. Un poco por un pasto que se “hundía” y otro tanto por el poco tiempo de preparación de los caballos. “La dirigencia no está a la altura de los jugadores”, disparó.

Otros, como Pablo Mac Donough, hablaron de “falta de ritmo”. La polémica, en un contexto de malos augurios en el pronóstico del clima, calentó una Triple Corona que ya estaba complicada por la lluvia. Después, las disculpas de Adolfito en un diálogo directo con los dirigentes calmaron, paradójicamente, las aguas. El caso de Tortugas tiene un antecedente histórico que ya cumple casi tres décadas. En una lluviosa primavera de 1983, el por entonces Abierto de Los Indios y Tortugas tuvo que definirse en la Catedral. Pero esa temporada tuvo un condimento extra: esa final y la de Hurlingham tuvieron que postergarse para después del Argentino. Una alternativa que, gracias a cierta mejora climática en las últimas semanas, estuvo lejos de concretarse esta temporada. Pero la reprogramación en la Triple Corona no sólo afectó a los torneos. El caudal de agua sobre Pilar y Cañuelas, dos íconos del polo de Buenos Aires, provocó que los jugadores tuvieran que mover sus caballos a otros sitios. Todos quedaron en el medio en un calendario tan comprimido que llegó al punto de no permitirse más agua si querían respetar el inicio de Palermo.

NOTA. El artículo "Una Triple Corona pasada por agua" fue publicado en la revista Polo Live, en diciembre 2012.