lunes, 23 de septiembre de 2013

La mudanza

El equipo de canchallena.com (deportivo de LN) en el último día en Bouchard
Nunca viví una mudanza de tamaña envergadura. Y, de no fallar los plazos que marca la historia, probablemente no la vuelva a vivir. O, al menos, trabajando en el diario La Nación. El ya mítico edificio de Bouchard 557 le dejó lugar a un viaje hacia la provincia: Libertador 101, en Vicente López, es la nueva dirección de una redacción que vivió sólo un puñado mudanzas en toda su historia. Desde aquella primera edición, el 4 de enero de 1870, en la casa de José María Gutiérrez, situada en la calle San Martín 124 (de la vieja numeración) -San Martín 336, de la actual-, el diario pasó, en 1884, por San Martín 350 (la casa contigua) y, en 1929, por Florida 373, que terminó siendo una edificio anexo que se conectaba en sus fondos con la sede principal de San Martín. 

San Martín 336
Fue recién en 1955 cuando empezaron a dibujarse los bocetos de un edificio de una manzana entre las calles Madero, Tucumán, Bouchard y Lavalle. Ahí, a metros del Luna Park, aunque sin un Puerto Madero tan glamoroso como el actual. Pero tuvo distintas etapas de mudanza: en 1969 se instalaron las rotativas y a finales de la década del setenta -primeras horas de los ochenta- llegó la redacción. Eran tiempos en los que las máquinas de escribir compartían terreno con la impresión del diario. Algo que se terminó en 2001, cuando el edificio quedó en manos de la empresa IRSA y el viejo edificio le dio paso a la torre Bouchard Plaza, en donde La Nación alquiló cuatro pisos y se vio obligada a instalar una planta impresora en Barracas, en una inversión millonaria junto a Clarín.

De las viejas redacciones, sólo quedan imágenes en sepia. En San Martín, se construyó la moderna torre San Martín 344. Mientras que en Florida 373 funciona una sucursal de la tienda Falabella. De Bouchard, quedará la memoria más fresca, ya sin la mística, y con pisos ocupados por empresas de otros rubros.

Si hoy la edición impresa tiene su correlato en la edición digital, ese ida y vuelta de actualización constante tiene su antecedente legendario en "las pizarras de San Martín" (delante de las cuales, en 1923, una multitud siguió la pelea Firpo-Dempsey) y en "las vidrieras de Florida" (donde se conoció la primicia de la caída del régimen de Mussolini). Y si había una alerta, de esas que hoy serían trending topic en apenas segundos, por entonces sonaba una sirena. La última vez que sucedió fue para anunciar que el hombre había llegado a la Luna.

Para algunos quedaron sólo ladrillos, mientras que para otros se fue parte de la historia. Un pedazo de sus vidas. Horas y horas trabajando en un lugar y en una profesión en la que el reloj suele ser engañoso. Y en donde las horas extras le ganan la batalla a la puntualidad. No es bueno, claro. Pero como nadie muere en la víspera, nadie conoce la noticia antes que suceda. Y así se suelen consumir minutos que no estaban previstos en la agenda del día.


LN en su nueva sede (foto | Daniel Arcucci)
El aviso de la mudanza ya estaba en el aire, pero el cambio recién se hizo efectivo el fin de semana de la primavera de 2013. La última edición made in Bouchard fue escrita el domingo 22 de septiembre. Así, las páginas del 23 quedarán para la historia. Como las del 24, que será la primera edición firmada desde Vicente López, allí en el límite entre provincia de Buenos Aires y Capital Federal. El proceso de mudanza tomará aproximadamente un mes (incluye todos los departamentos del diario), pero el efecto más fuerte lo produjo la redacción, que, en un abrir y cerrar de ojos, apareció, de un día para el otro, lejos del centro porteño.

No es una novedad en el mundo editorial. Como bien destacan en paperspapers, "en otros países también ganaron los gerentes que -necesitados de dinero- vendieron sus antiguas sedes en Fleet Street, en el Loop de Chicago o en la Gran Vía de Madrid para irse a los suburbios donde todo es más barato".

La Nación se muda y es noticia para La Nación. Así se pudo ver en la edición del lunes 23-S, en donde desde un recuadro de la tapa destacaron que se iniciaba una nueva etapa. "Este ejemplar es el último hecho en la redacción de la calle Bouchard, en Puerto Madero. Desde hoy, la nueva sede de La Nación está en Libertador 101. La cobertura de este cambio podrá leerse en la edición de mañana", fue el mensaje para los lectores.

Los box le ganaron terreno a los viejos escritorios; desaparecieron los placards; se multiplicaron los televisores y las pantallas LED; el sector ocupado por los secretarios de redacción se modernizó, con más TV -ideal para seguir todos los canales de noticias en una misma pared-, una sala de reunión espejada y todo mucho más "caliente". La única marcha atrás en la distribución de las secciones se dio en el regreso de la diferencia entre edición impresa y online. Aunque comparten el mismo piso, no se entremezclan. Algo que no sucedía desde 2009, cuando la convergencia hizo que cada sección tenga cercanía y contacto con su espejo en la web.

Bouchard vs. Vicente López
El 24-S fue el día que La Nación publicó, en las páginas 18 y 19 de su cuerpo principal, la noticia. Algo que ya se había hecho efectivo, pero del que no había una comunicación formal a los lectores. Daniel Arcucci y Carlos M. Reymundo Roberts fueron los encargados de describir el nuevo lugar, de contar los detalles más íntimos de la redacción, de abrir sus puertas. Arcucci firmó el texto La nueva casa de LA NACION: Vicente López, un paso adelante, mientras que el prosecretario general se encargó de escribir Una historia, una cultura, un grupo de personas, y un edificio.

Para la historia: reunión de tapa del siglo XIX | Foto: Archivo La Nación