miércoles, 3 de septiembre de 2014

Teo y Piscu, la sociedad menos esperada


Uno llegó tarde a la pretemporada, prefirió el descanso después del Mundial de Brasil y hasta coqueteó con el mercado de pases europeo hasta último minuto. El otro arribó con la misma desconfianza con la que se lo miraba al entrenador. Uno, de fuerte carácter, terminó ocupando el lugar vacante del referente Fernando Cavenaghi. El otro, con una trayectoria lejos de las grandes luces, pero con la calidad intacta, hizo olvidar a la joya juvenil Manu Lanzini. “En jetsky la vida es más sabrosa”, escribía el primero en una red social, mientras sus compañeros se entrenaban. Pero todos lo esperaron y él les respondió con lo que mejor sabe hacer.

La toma el uruguayo Carlos Sánchez, que avisó que su sueño y el combustible que lo motiva día a día es “no irse más”, la controla Leonardo Pisculichi sobre el lateral izquierdo, engancha, aprovecha la cortina de Rodrigo Mora y mete un centro preciso para Teo Gutiérrez. Un Teo más hambriento que nunca, con seis goles en cinco partidos y una racha de ocho encuentros anotando al hilo por el fútbol local. Y ese Teo no perdona.

Letales, en una contra con la firma de lo que propone Marcelo Gallardo, alguien a quien miraban de reojo y en las primeras cinco jornadas terminó convenciendo a propios y extraños. Una contra letal porque la conexión Sánchez-Piscu-Teo no fue en cuestión de metros, sino que el charrúa tomó la pelota cerca de su área, lanzó el pelotazo hacia la izquierda y Piscu estuvo en segundos en el área de San Lorenzo. Ahí, tras el control, tuvo el camino despejado para el toque hacia Teo, que apareció por detrás de todos y empezó a sentenciar el clásico ante el Ciclón.

Todos ellos forman parte de un River que se sacó la presión el semestre pasado, con título local, superclásico celebrado sobre la hora y traje de “supercampeón”, y ahora, en una versión corregida y mejorada, brilla por su estilo en el inicio del torneo. Empató con lo justo ante Gimnasia, en un cotejo en donde algunos jugadores firmaron su salida del equipo, pero después empezó en alza: sólido éxito ante Rosario Central, goleada a Godoy Cruz, otro triunfo demoledor frente a Defensa y Justicia y el duro examen aprobado contra San Lorenzo, el último campeón de la Copa Libertadores de América. Una prueba que superó con fútbol, pero también con actitud. Porque en el primer cotejo que estuvo en desventaja, River se enojó y puso a San Lorenzo contra las cuerdas, hasta dejarlo al borde del KO. Olió sangre y fue por más. “Cuando hay un equipo que responde de esta manera, que es humilde, que es solidario y que asume las responsabilidades, todo eso potencia las individualidades”, destacó Gallardo.

Uno pasó por Colombia, Turquía, Argentina -con un recuerdo agridulce en Racing y Lanús- y México. El otro prefirió Mallorca, Qatar y China, con Argentinos Juniors como su casa. Uno, siempre apuntado por su calidad, pero también por algunos conflictos, acomodó las piezas y es el “9” que River soñó durante tanto tiempo. El otro, alumno perfecto del esquema del Muñeco, va por la gloria.

Teo y Piscu, alejados en el mapa durante sus carreras, muestran sus mejores armas cuando se combinan dentro del campo de juego. Teo y Piscu son parte de un engranaje que llenó los ojos de fútbol en las primeras cinco fechas del torneo. Comparten un equipo que, aunque todavía falta mucho, ilusiona a los hinchas. Son jugadores clave de un estilo, de un River que completa “las cuatro G”: gana, gusta, golea y Gallardo.

NOTA. El artículo "Teo y Piscu, la sociedad menos esperada" fue publicado en el sitio de Fútbol para Todos, el 1 de septiembre de 2014.