sábado, 24 de enero de 2015

Doha, donde nada es imposible


DOHA.- Hacen realidad lo imposible y piensan a futuro proyectando en grande, sin miramientos a la hora de poner la caja del jeque Hamad bin Jalifa Al Thani al servicio del crecimiento. Así se mueve Qatar y así se desarrolla Doha, su capital. El centro económico y cultural de un emirato que impacta y sorprende a cada paso, entre la multiplicación de autovías internas y el sorpresivo faltante de veredas. Las reservas de gas y petróleo facilitan el transporte terrestre y atentan contra el peatón. A orillas del Golfo Pérsico, se contempla una ciudad de convivencias.

Conviven el qatarí, minoría en la población, y el extranjero, entre quienes están los que llegan por una oportunidad laboral o aquellos que se escapan de India, Nepal, Filipinas, Sri Lanka y Paquistán y forman parte de la masa de mano de obra barata. Instantes típicos: el rezo musulmán, que se escucha desde cada mezquita en cuatro momentos del día, y el ruido de las miles de construcciones. O el skyline de edificios futuristas que se erigen sobre la costanera, "The Corniche" (la cornisa), y el desierto que se pierde en el horizonte. Además, por estos días, emerge la pasión del Mundial de handball , de mayor repercusión en Europa, con cierta indiferencia del público local. Motivo suficiente para que la organización recurra a la billetera y cierre la jornada del jueves con Pharrel Williams, que hizo delirar a 8 mil almas en el Hall Multipropósito de Lusail con su hit "Happy". Esta noche será el turno de Gwen Stefani. Todo sea por mover público a los estadios y hacer ruido a nivel internacional. Un punto que llamó la atención: contrataron a 60 españoles para ser hinchas "rentados" de Qatar. El acuerdo incluye aéreos, hotel, comidas y un dinero extra por los servicios prestados.

"Nunca disputamos un torneo en estas condiciones. Cuando necesitamos algo, lo tenemos. No nos falta nada", coinciden desde los planteles que disputan el certamen. Sobra el hospedaje cinco estrellas, que bien podría sumar alguna estrella extra, y resulta accesible conectar las diferentes sedes. A diferencia de otros mundiales, todo confluye en una misma ciudad y, más allá del tránsito, eso genera un mejor descanso y menor tiempo de traslado. Los tres estadios están en un radio que no supera la hora de viaje.

El Ali Bin Hamad Al Attiyah Arena, con tecnología de punta, sobresale en pleno Doha, mientras que el Hall de Deportes de Duhail y el Hall Multipropósito de Lusail están en las afueras. Este último se ubica a 27 kilómetros y sorprende a todos en pleno desierto; impacta en medio de un obrador de dimensiones faraónicas.

La última noticia deportiva que sacudió la arena de Lusail fue el anuncio de la llegada de la Fórmula 1 a su circuito callejero. "Calculamos que puede ingresar al calendario en 2016 o 2017", se frotó las manos Nasser bin Khalifa Al Attiyah, el hombre fuerte del deporte motor en suelo qatarí. Así, la F-1 se sumará al Moto GP, que ya tiene su circuito en Lusail, y al estadio que recibe al handball , un recinto de 15 mil asientos. Para llegar al complejo se debe salir de Doha hacia al norte y tomar la Al Khor Coastal Road, una autovía que a sus costados muestra lo que es Lusail hoy: nada. Arena, arena y más arena. El desierto toma por asalto al paisaje y los carteles que se divisan, entre obreros, camiones y máquinas, prometen una ciudad a puro lujo. Allí estará Lusail. La ciudad que ya tiene todo planeado, menos habitantes, aunque esperan una población de 450 mil personas. Con la mira puesta en el Mundial de fútbol 2022, el proyecto incluye infraestructura de primer nivel y un estadio para 86 mil personas, el Nacional de Lusail. Para entonces no habrá que depender sólo del transporte terrestre. Ya se están haciendo las primeras obras para el subte y esperan conectar Doha con Lusail de acá a siete años. Ese será el primer tramo. Después, para 2026, están estipuladas cuatro líneas de "Metro" más, con una longitud de 216 kilómetros. Se sumarán al proyecto de los trenes de alta velocidad para larga distancia, con los que piensan unir toda la península.

Construidos en los últimos tres años, los estadios son un catálogo de joyas arquitectónicas y una vidriera para lo que viene. Sobre la base de eventos deportivos, Qatar intenta demostrar su capacidad para 2022, pese a que su designación se encuentra bajo sospecha, con fuertes denuncias y críticas. Lo hace con el handball , pero también recibirá el Mundial de gimnasia artística, en 2018, y el de atletismo, un año más tarde. Mientras, planean candidatearse para los Juegos Olímpicos de 2024 y se disponen a construir 19 recintos deportivos. El tiempo y el dinero no serán problema. El Ali Bin Hamad Al Attiyah Arena, por ejemplo, se levantó en 18 meses y es un compendio de lujos y comodidades. Viven a ese ritmo, sin reparar en gastos. Como si nada fuera imposible.

NOTA. El artículo "Doha, donde nada es imposible" fue publicado el 24 de enero de 2015 en el diario La Nación y canchallena.com