¡Bienvenidos!

Javier Saul

Periodismo Proyectos digitales Consultoría

jueves, 18 de agosto de 2016

Andrés Nocioni y la batalla final del gran gladiador


RIO DE JANEIRO.- El joven Andrés sentía debilidad por el básquet. En Gálvez, no sólo jugaba, sino que también seguía todos los partidos de las ligas europeas por Televisión Española. Mientras, soñaba con alguna vez entrar en un partido de la selección argentina. Sueño mayúsculo para el chico que ya cargaba con el apodo de Chapulín. O, el abreviado, Chapu.

Son las ocho y veinte de la noche de la noche en Río de Janeiro. El estadio Arena Carioca 1 es un puñado de emociones. Andrés, guerrero en un sinfín de batallas, sabe que el 17 de agosto de 2016 quedará como la fecha del adiós. Se abraza con sus compañeros, saluda y recibe el cariño de los hinchas argentinos que se acercaron a ver la función despedida. Tras 17 años, decide que ya no volverá a vestir la camiseta de la selección con el Nocioni en la espalda. Hace mención a “Manu, Luis y Carlitos” y recuerda tiempos mejores. Lejos de aquellas tardes en Gálvez, se marcha con el curriculum que jamás imaginó. Atrás quedan títulos sudamericanos, festejos en el FIBA Américas, una medalla de oro en Juegos Olímpicos, un subcampeonato del mundo y su nombre inscripto entre los jugadores con más presencias albicelestes.

“Definitivamente, sí. Fue mi último partido. Estoy retirado de la selección. Lamentablemente creo que esto es así. Obvio que duele, pero hay que dejar paso a los chicos. Mi puesto está bien cubierto, no creo que se sienta tanto mi ausencia, así que espero que tengan toda la suerte del mundo, que sigan trabajando, que sigan progresando. Pero sí, este fue mi último partido”, sentencia Chapu en la zona de atención a la prensa, tras una dura derrota ante Estados Unidos por 105-78. El Dream Team al que alguna vez le quitó el sueño. Al que supo hacerlo terrenal.

“Se juntan muchas emociones. Uno dejó muchas cosas de lado por la selección argentina. Siempre hemos tratado de ser los más fieles posible. De dejar el país lo más arriba posible”, explica. Y remarca: “Siempre dimos todo por este país”. Dice que “es muy difícil encontrar gente tan comprometida” y que cumplieron sueños que parecían lejanos.

“Conseguimos estar en cuatro Juegos consecutivos [Atenas, Pekín, Londres y Río ] y no jugamos cinco porque se nos escapó por tres puntos contra Canadá, en Puerto Rico. Dominamos a Estados Unidos por años, conseguimos medallas, logramos el subcampeonato del mundo”, repasa.

Mira hacia atrás y da un punteo que parece interminable. Sus años en Europa, sus ocho temporadas en la NBA, sus títulos con la selección. Al lado, Manu Ginóbili también se suma al adiós. “Algún día nos sentaremos y hablaremos de esto como si fuera un cuento. Ahora lo estamos viviendo, pero después nos vamos a dar cuenta que la dimensión es increíble”, dice, antes de caminar por última vez por el pasillo que lo llevará al vestuario. De compartir espacio con sus compañeros, de abrazarse a Ginóbili, Scola y Delfino . Y pasarle el testimonio a las nuevas generaciones. A los 36 años, decide dar un paso al costado. Quedarán su entrega, su juego y un corazón al servicio del seleccionado. Es el gladiador que cumplió el sueño del pibe.

Publicado el 18 de agosto de 2016 en LA NACION

Escribo en lugares.

0 comentarios:

Publicar un comentario

JAVIER SAUL
@dr_javi
Buenos Aires, Argentina

ENVIAR UN MENSAJE