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Javier Saul

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jueves, 18 de agosto de 2016

El sueño de una revancha olímpica para su catástrofe mundialista


RIO DE JANEIRO.- Al sueño dorado de Brasil sólo le queda un paso. Es el título que le falta, y el que quiere celebrar pasado mañana en un Maracaná con entradas agotadas. Todos piensan en el mejor cierre para la película, en un Neymar en andas y con Río de Janeiro rendido a sus pies. Tras la goleada por 6-0 ante Honduras, el rival será Alemania . Con toda la carga emotiva -y futbolística- que eso significa para el pueblo brasileño. "Alemania podés esperar, tu hora va a llegar", fue el cántico que bajó de las tribunas. El 7-1 mundialista sepultó la ilusión. La mínima revancha, aunque sea olímpica, despierta cierta idea de resurrección.

Pero lo que los locales jamás imaginaron era que el trámite anterior iba a resultar tan sencillo. Que se iba a cerrar tan rápido. Catorce segundos fueron suficientes para que Neymar presionara una salida hondureña, marcara el gol más rápido de la historia de los Juegos Olímpicos, sintiera una molestia y el cuerpo médico brasileño ingresara con una camilla. La imagen que trajo el recuerdo del 4 de julio de 2014, el día del golpe de Camilo Zúñiga en Fortaleza.

Tras el gol del capitán, ya no hubo partido. Honduras, que dejó afuera a la selección argentina en la etapa de grupos, nunca fue rival. El delantero de Barcelona abrió el marcador y Jesus sentenció con un doblete. Todo en 34 minutos. Brasil fue una aplanadora y terminó goleando 6-0. Marquinhos, Luan y otra vez Neymar -de penal-, le pusieron cifras definitivas a una de las semifinales de Río 2016. No hubo equivalencias. Fue una función del jogo bonito que tanto se extraña por estas tierras.

La goleada hizo olvidar el comienzo poco alentador. Los empates sin goles ante Sudáfrica e Irak, con abucheos y el grito de guerra de "Marta", presagiaban el desastre. En un Brasil que está a los tumbos a nivel selección, el pálido arranque parecía la continuidad del mal momento. Pero la goleada 4-0 a Dinamarca, el miércoles pasado, cambió la mentalidad del equipo. Después, el 2-0 a Colombia, en cuartos de final, confirmó el buen momento. Fiel a su rica historia, la selección brasileña olió sangre y no perdonó. Y a la eficacia en ataque le sumó solidez defensiva: mantiene su valla invicta después de cinco encuentros.

Subcampeón en Londres 2012 y tercero en Pekín 2008, el oro olímpico se le viene negando a la verdeamarelha. El pentacampeón del mundo todavía no conoce la gloria en los Juegos. En el historial, acumula tres platas (1984, 1988 y 2012) y dos bronces (1996 y 2008). Pero ahora se quiere subir a lo más alto del podio en casa, ante su gente. Neymar, que no disputó la Copa América para decir presente aquí, no quiere fallar e intentará colgarse la misma medalla que tiene su amigo Lionel Messi.

"Neymar es un monstruo, tiene un don para jugar al fútbol", lo elogió el entrenador Rogério Micale. "Hay que entender que carga mucha presión sobre sus espaldas". No hay ninguna duda de eso: "Vamos a demostrar que el fútbol pertenece a Brasil" tuiteó Pelé.

A la espera de Alemania, que venció 2-0 a Nigeria en el Corinthians Arena, en Río se frotan las manos con cierta sed de revancha. Quieren vengar la tarde más dura del fútbol brasileño. Ese 8 de julio de 2014 en el que el Mineirao hizo silencio. El del 7-1 que hundió a Brasil en un drama futbolístico y mental. Neymar y compañía van por el oro que falta, el que parece inalcanzable. Y por empezar a escribir una nueva historia.

Publicado el 18 de agosto de 2016 en LA NACION

Escribo en lugares.

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JAVIER SAUL
@dr_javi
Buenos Aires, Argentina

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