El fútbol mira a Oriente: "Era Asia, estúpido"


Publicidad estática en inglés y árabe, horario ideal para la noche del sábado en Japón y China, y una camiseta, hasta hace poco inmaculada, que tiene el sponsoreo de una aerolínea qatarí. En ocho meses, la empresa de la familia Al-Thani le cederá su lugar al gigante japonés Rakuten. El clásico español entre Barcelona y Real Madrid empieza a tener cada vez menos de español.

Expertos en sacudir al mundo occidental con golpes de efecto a base de una chequera inagotable, uno de los últimos KO asiáticos llegó desde las orillas del río Manzanares. El estadio Vicente Calderón cerrará sus puertas y Atlético Madrid se mudará a su flamante joya arquitectónica. Será el Wanda Metropolitano, que le debe la primera parte de su nombre al Wanda Dalila Group, un conglomerado chino propietario de bienes inmuebles y, entre otras cosas, de la cadena de cines más grande del mundo. En marzo, Wanda se convirtió en nuevo patrocinador de FIFA. Su compañía Infront Sports & Media tiene como presidente a un tal Philippe Blatter. El sobrino de.

La invasión asiática se multiplica. En noviembre del año pasado, Chen Yansheng se transformó en el primer millonario chino en comprar un club de elite en el Viejo Continente, al quedarse con Espanyol. Wang Jianlin, el hombre fuerte de Wanda, tiene “sólo” el 20% del paquete accionario colchonero. En Italia, el Suning Commerce Group tiene el 70% de Inter de Milán. El otro 30% está en manos del indonesio Erick Thohir. Peter Lim, un empresario de Singapur, se hizo cargo de la deuda de Valencia y dirige al club a 11.300 kilómetros de distancia. La cara visible en España es Lay Hoon Chan, la presidenta Ché que habla pocas palabras en español. Leicester City, la sorpresa inglesa, creció gracias a las libras del impronunciable Vichai Srivaddhanaprabha y su King Power Group, el de las tiendas Duty Free. Aunque el que se lleva todos los flashes es el jeque emiratí Mansour, dueño de Manchester City.

“Der 56,7-Millionen-Dollar-Mann” titularon en Der Spiegel. Los documentos del Football Leaks destaparon varios arreglos subterráneos de estrellas del fútbol. Pero también mostraron cláusulas por demás curiosas y sueldos del estilo “no nos alcanzaría una vida para gastarlos”. El hombre de los más de 50 millones es Ezequiel Lavezzi. El ex PSG (el reducto parisino de los Al-Thani) se mudó al Hebei Fortune de China por un contrato de 2.3 milllones por mes. Un vínculo que parece ser más que redituable. El único inconveniente se le presenta a la hora de vestir los colores de la selección argentina. Debe hacer 300 kilómetros hasta Pekín y desde allí tomar un vuelo a Buenos Aires con conexión desde San Francisco, Doha o Estambul. Viajes a los que hay que sumarle otra escala intermedia.

Hebei Fortune es dirigido por el chileno Manuel Pellegrini. Con un salario que estaría a la altura de los 18 millones anuales que cobra el italiano Marcelo Lippi por dirigir a la selección. Los ceros vuelan por los aires. El volante argentino Darío Conca es testigo fiel de un mercado que rompe todas las estructuras. Ya vistió las camisetas de Guangzhou Evergrande y Shanghai SIPG. De poco rodaje en nuestro país y con mejores números en Brasil, el salto al fútbol asiático lo ubicó entre los sueldos más altos del fútbol mundial.

El último capricho fue Carlos Tevez. La oferta superaría los 40 millones de dólares. Vinieron por él y movieron los cimientos de Boca en la antesala del último superclásico. “Está todo encaminado”, presionaron desde China, cuando nadie hablaba. Carlitos se mostró abrumado. De firmar con Shanghai Greenland Shenhua será dirigido por el uruguayo Gustavo Poyet y tendrá como compañero a Gio Moreno. El “It’s the economy, stupid” de la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992 puede acuñar una nueva acepción en pleno auge del China Power. Era Asia.

Publicado en 2016 en Medium.com y LA NACION
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