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Javier Saul

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domingo, 11 de junio de 2017

Darío Benedetto: "La ventaja de ser hincha es poner el doble de ganas"

Dario Benedetto hincha de Boca

Certificada por tatuajes, su condición de hincha de Boca no fue blindaje suficiente como para eximirlo de murmullos y críticas en esos comienzos en que sus goles escaseaban. Lo habían traído para producirlos, y en sus primeros seis partidos del campeonato marcó en uno solo, aunque por triplicado. Ocho meses después, Darío Ismael Benedetto es la figura del momento en el fútbol local, estrella de un Boca líder que está a pocos puntos y pocas fechas de una vuelta olímpica.

“Olé, olé, olé, olééé, Pipaaa, Pipaaa”, lo despidió La Bombonera cuando fue reemplazado una vez demolido Independiente con dos tantos suyos. Fue su primera ovación por sobrenombre. Eso implica un posible nacimiento de idolatría.

Y ahí, en el local Boca Manía, al lado de La Bombonerita, está el centrodelantero del metro 75 y los 75 kilos, dispuesto a charlar con la nacion. Gozando este presente a sus 27 años, tras explotar como goleador. Con 18 conquistas en 22 partidos jugados viene ganándole a Sebastián Driussi (16), de River, la carrera por ser el máximo anotador del torneo, con un promedio (0,81) equiparable sólo con ésos que solía tener Martín Palermo. Distendido, cuenta qué se siente ser el 9 de Boca. Del club que lo contrató y del equipo del que es fanático.

–¿Cuáles son las ventajas y las desventajas de ser hincha del conjunto en el que jugás?
–La ventaja es poner el doble de ganas y dar un plus. La desventaja tal vez pasa por que hay días en los que las cosas no salen como uno pretende como hincha, y eso me juega en contra por partida doble. Eso es jod...
–¿Cuáles son las diferencias entre lo que imaginabas era el mundo Boca y lo que encontraste dentro?
–Imaginaba que iba a ser complicado. Pero no tanto. Del lado de afuera, como hincha, uno lo ve bastante tranquilo. Y cuando le toca vivirlo se da cuenta que todo se complica. La prensa, las críticas. Todo el tiempo hablar de Boca. El jugador tiene que acostumbrarse para sobrellevar esas cosas.
–¿En qué momentos dejás de ser el 9 de Boca y sos, simplemente, “Darío”?
–Cuando llego a mi casa. Cuando estoy con la familia. Me junto con mis primos y no se habla de fútbol. Me gusta juntarme con ellos porque uno se entrena de lunes a lunes, metido en todo esto, y llega a casa y no tiene ganas de hablar de fútbol. Con ellos porque me desenchufo. Lo que menos hacemos es hablar de fútbol. Es entonces cuando dejo de ser “el 9 de Boca”.
–¿Son todos de Boca y no hablan de fútbol con vos?
[ríe] –Podemos llegar a hablar de algunas cositas, pero cinco minutos. Después charlamos de otras cosas.
–¿Qué cambió en tu vida fuera del club? ¿Podés salir con tu familia como una persona normal?
–Sí. No me molestan para nada. Al contrario: me pone contento el trato con los hinchas. Voy al cine, salgo a comer afuera. Me gusta.
–¿Cómo atravesaste aquellos primeros partidos en los que los goles no llegaban? ¿Quiénes te apoyaron y en quiénes te apoyaste?
–Mi esposa y toda la familia están detrás de esto. en las buenas y en las malas. Pero es uno el que tiene que estar fuerte de la cabeza para mejorar, para dar siempre lo mejor, seguir trabajando y creciendo. Pasa más por uno mismo.
–De aquello pasaste a estar a muy cerca de la vuelta olímpica y de ser el mayor goleador del torneo, algo que no se daba con un futbolista de Boca desde el Clausura 2007, con Martín Palermo.
–Sí. Realmante nunca pensé este presente. Por suerte la pelota está entrando; tengo que aprovechar este momento. Pero lo que más resalto es la garra que tiene este equipo, a pesar de las críticas que llovían. Decían que este equipo no estaba jugando bien, y sin embargo nos mantuvimos punteros. Quedan tres fechas, todavía los números no dicen que somos campeones y no podemos relajarnos.
–¿Cómo tomaron el comentario de que Boca no era el mismo desde que se había ido Tevez?
–El grupo siempre se mantuvo fuerte. Cuando estuvo Carlos sacamos una ventaja importante de puntos, y cuando se fue tuvimos el desafío de salir adelante sin él. Incluso cuando estaba, confiamos en lo que estábamos haciendo, siempre metidos. Hay un grupo muy lindo y muy unido. Como en todo grupo, no somos todos amigos, pero hay una gran relación entre todos.
–¿En qué momento hiciste el clic para dejar de ser promesa y convertirte en un Nº 9 muy goleador?
–A medida que pasa el tiempo uno se perfecciona. Es evidente que cuando estaba en inferiores no era el que soy hoy. Sé que tengo que seguir aprendiendo cosas, y me gusta eso. El salto que di, que me entregó mucha más confianza y me hizo más jugador, fue cuando Pancho Ferraro me dio la oportunidad en Gimnasia, de Jujuy, e hice 11 goles en 12 o 13 partidos.
–¿Fue algo más de confianza que futbolístico?
–Totalmente. Son cosas que uno aprende a medida que pasan los años y los partidos. Además de Pancho, Gustavo Alfaro me ayudó mucho en aquel Arsenal campeón del Clausura 2012. Y en México también crecí; allí terminé de asentarme como 9.
–¿Qué sentiste cuando los hinchas te aclamaron con el primer “olé, olé, olé, olééé, Pipaaa, Pipaaa...”?
–Me emocionaron mucho. Que los hinchas coreen el apodo de uno es una sensación única. Me puso muy feliz, y me dio muchas más ganas de afrontar estos tres partidos que quedan para ganar el título con Boca.
–No sos de gesticular, pero en el gol a Huracán te surgió el reclamo “¡denme una!”. ¿Sentís que te ganaste ese “derecho” a reclamar más pelotas?
–En realidad fue más lo que se dijo que lo que fue. Inventaron una pelea. Fue una broma que hice con Leo [Jara].
–Apuntaba a que sentís más confianza.
–Sí, a medida que uno va convirtiendo, la confianza crece. Ojalá siga de esta manera.
–Desde hace rato el grupo está bien internamente, pero da la sensación de que está enojados por las críticas, aun cuando es evidente que este año Boca tuvo un bajón de rendimiento y llega al final a los tropiezos. Como si el receso le hubiera cortado el gran ritmo que había encontrado en diciembre.
–Como todos los equipos argentinos, tenemos altibajos. Es mentira que hay un equipo del fútbol argentino que juegue bien todos los partidos. Todos estamos iguales. Y creo que no es casualidad que después de casi 20 fechas sigamos siendo punteros, aun cuando algunos rivales se hayan acercado. Estamos muy cerca del objetivo. Los puntos todavía no dicen que somos campeones, así que hay que seguir trabajando. El equipo está bien, tranquilo, y sabemos lo que estamos jugándonos.
–¿De dónde salió la versión de una pelea tuya con Fernando Gago?
–No sé quién dijo eso. Salió que estábamos peleados, que hubo una discusión. Si intercambiamos palabras en el vestuario, fue de la mejor manera. Y no digo esto porque esté el micrófono prendido. Con Fernando tengo una excelente relación.
–¿Cómo es él como capitán, como líder de grupo?
–Es una persona muy humilde y un referente muy importante para nosotros. Cuando hay que opinar nos escucha a todos. Eso es bueno.
–¿Los goles y la ovación del último domingo van convirtiéndote en referente, o todavía estás verde en el club como para eso?
–No sé si verde. A medida que uno va jugando va ganando cierto lugar, tanto en el vestuario como en la cancha. No estoy todo el día pensando “quiero ser referente”, pero obviamente en algún momento me gustaría ser referente de un equipo.
–Ante el rumor de un pase a Sevilla o a otro club no te mostrás muy predispuesto a volver a armar las valijas.
–No pasa por armar o no las valijas. No puedo ponerme a pensar en todo lo que se dice. Le dije a mi representante que hasta que termine el campeonato no quiero escuchar ninguna oferta.
–¿Qué te enseñó Guillermo Barros Schelotto, dada su experiencia en el mundo Boca?
–Principalmente me dio confianza, y eso hace que el futbolista rinda más. Él insistía en que tenía que presionar sobre la salida, y es algo que fui mejorando.
–Solés estar muy bien ubicado. ¿Cuánto depende un goleador de sus compañeros, y que el equipo entienda que, en general, el que hace goles es el 9?
–En realidad, creo más en el juego en equipo. Los tres delanteros que jugamos tenemos que hacer goles. Veo como un error pensar que todos tienen que jugar para mí. Soy consciente de que estoy en racha, convirtiendo seguido, pero hay que trabajar en lo colectivo.
–El número 9 suele ser más grandote, más fuerte, más de pivotear. ¿Cómo te las arreglás con tu físico?
–Pasa por lo que dijimos antes: aprender a jugar, ser más inteligente. Tal vez no sea tan alto pero uno aprende a desacomodar al rival. Al no ser grandote y frente a defensores que sí lo son, hay que buscar la maña para resolver ese escollo.
–Está claro que aún no hay nada definido, pero ¿qué tiene este Boca como para ser campeón?
–Las ganas. En el primer semestre sacamos una ventaja importante porque Boca estaba jugando realmente bien. Después empezamos más o menos el año, y luego ganamos algunos partidos sin jugar del todo bien. El objetivo, en fin, es ganar. A veces se puede jugar bien, y tratamos de hacerlo, pero si no se puede, hay que ganar. Eso nos mantuvo en la punta. Y las ganas de todo el grupo de salir campeón con Boca. El grupo está muy unido y tirando todo para el mismo lugar.
–Dijiste varias veces que a Centurión lo juzgás por lo que hace en la cancha. En la intimidad, y más allá de Ricardo, ¿se puede ayudar a un compañero a mejorar su profesionalismo fuera de ella? ¿O eso está en cada uno?
–Uno trata de hablarle, en el caso de Centu o de cualquier jugador, de lo que uno vivió a su edad. Después está el que te escucha y el que no. Eso ya pasa por cada uno. Siempre digo que a mí el jugador me sirve por lo que hace en una cancha. Después, en la vida privada no puede meterse nadie. Obviamente, hay que ser profesional, hay que cuidarse. Pero pasa por uno mismo y no por meterse en la vida privada de otro.
–Se te nota un hombre equilibrado entre tu lado profesional y tu costado personal. ¿Qué te dan tu pareja, Noelia, y tus hijos, Felipe y Helena?
–Todo. Salgo de la cancha y lo primero que quiero hacer es a verlos. Comparto mucho con ellos. Mi señora, además de ser mi esposa, es una amiga. Los disfruto mucho.
–Así como vos creciste viendo los goles de Palermo, a lo mejor ahora hay un futuro 9 de Boca que está creciendo viendo tus goles. ¿Pasa eso por tu mente?
–No. Uno nunca termina de caer. Me pasó cuando jugué con Aníbal Matellán en Arsenal. Y lo mismo ahora, con Gago. Cuando uno frena y piensa todo eso lo disfruta aun más. Compartir cosas con gente que uno miraba de chico en la televisión es indescriptible.
–¿Sos de mirar a otros centrodelanteros para sumar detalles a tu juego?
–No miro mucho fútbol. Uno respira, desayuna, almuerza y practica fútbol todo el día. Entonces cuando llego a casa trato de estar con mi familia. Casi no miro televisión. Sólo dibujitos animados, con los chicos.
–¿Cómo es tu relación con las redes sociales?
–Buena. Trato de cuidarme, sabiendo cuáles cosas uno puede publicar y cuáles no. Tengo Twitter, Instagram. Soy prolijo con todo eso.
–Un vistazo a tus cuentas evidencia tus gustos musicales. Seguís a El Polaco, a Pity, alguna que otra banda de cumbia... ¿Cómo se llega a Ricardo Arjona?
[ríe] –¿Arjona? Me gusta, ¿eh? Me gusta por mi señora. No soy fanático, pero si me ponés a Arjona lo escucho. Igual, me tira más la cumbia.
–Si viene Arjona a la Argentina, ¿vas a verlo?
–Y, si tengo que acompañar a mi señora, voy. No lo escucho todos los días, pero me gusta. No tengo problemas, voy a verlo. Me la banco.
–¿Cómo sos fuera de la cancha? ¿Qué te apasiona?
–Soy muy familiero. Me tira mucho la familia. La mía es muy numerosa. Muchos primos, muchos tíos. Nos juntamos y disfruto eso. No es recluirse, ¿eh? A veces salgo solo, otras veces con mi esposa. Pero lo que más disfruto es la familia. Me ha pasado estar fuera del país tres años y, aun sintiéndome cómodo, extrañaba todo. La familia es fundamental para mí. Lo más importante.
–Siendo tan familiero, ¿a qué te aferraste para, a los 12 años, salir adelante después del golpazo que implicó quedarte sin mamá?
–Es una situación de vida que no sé cómo explicar. Yo me aferré mucho a mis hermanos. Tengo una hermana más grande que estaba casada y vivía con su familia, así que los que más vivimos ese momento fuimos mi hermano mayor, que entonces tenía 14 años, yo y mi hermanito, que tenía ocho. Mi viejo quedó solo y fuimos acomodándonos. Mi abuela paterna, Dora, se convirtió en nuestra segunda mamá. Nos lavaba la ropa, nos cocinaba. Y realmente eso nos ayudó muchísimo. Cada vez que hablamos de esto en casa decimos que ella fue la que se puso la camiseta con nosotros de verdad, porque fue nuestra segunda mamá, y hasta el día de hoy sigue siéndolo con mi hermano más chico y con mi hermana. Aferrándose a la familia, uno sale adelante. Fue muy difícil, y una situación que uno nunca espera, pero la vida tiene esas cosas y hay que saber sobrellevarlas de la manera en que se pueda.
–¿Cómo es el hincha de Boca en relación con como eras vos como hincha? ¿Y cómo se portaron con vos en esos primeros partidos en los que no convertías?
–Somos iguales. Yo me paraba frente al televisor y gritaba los goles con mi señora. Mis amigos de River me gritaban un gol y me enojaba. Y lo veo como lo veía yo, siempre alentando y apoyando. Creo que la hinchada de Boca es única.
–En caso de conseguir algo de ahora al final de junio. ¿sería un sueño futbolístico?
–¿Te referís a qué significaría ser campeón con Boca? No tengo problema en decirlo, aun cuando los números aún no ratifiquen eso. Para mí sería un sueño ganar un título y levantar una copa con Boca. Dependemos de nosotros y tenemos que seguir trabajando. El objetivo está cada vez más cerca.

El goleador que cumple el sueño del hincha


Un tatuaje con el escudo auriazul y la frase “esto es Boca”. Una pasión que creció a la distancia y un sentimiento que interfiere, para bien y para mal, en cada acción de juego. Darío Benedetto es el 9 del puntero del campeonato, el que se ilusiona con el título –no reniega de decir la siempre vedada palabra “campeón”–, y una de las revelaciones del torneo: llegó desde México, fue ganándose su lugar a fuerza de gritos y se pasea por el barrio con un promedio de goles que hace recordar a Martín Palermo, su ídolo de la infancia. El delantero que emocionaba a ese chico que tenía 10 años cuando vio cómo alguien podía volver de las cenizas en un superclásco, aquel 24 de mayo de 2000 (Boca 3 vs. River 0). Al que vio sólo una vez, y al cual no le dedicaría demasiadas palabras. “Lo abrazaría. Sólo lo abrazaría”, supone, en un distendido diálogo con la nacion en Boca Manía, un kiosco frente a la Bombonerita en el cual se multiplican las fotos de Cacho Laudonio, el Loco Banderita. Benedetto, el goleador que cumple el sueño del hincha, se siente como en casa.

“La ventaja de jugar en Boca y ser hincha es que uno pone el doble de ganas. Pero también está el otro costado. Si no salen las cosas como uno pretende, eso juega en contra por partida doble. Una situación muy complicada de manejar”, revela.

Dice que entiende al hincha y agradece que siempre recibió apoyo, hasta en los momentos de sequía y adaptación. Que se siente como uno de ellos. Que no mira fútbol, ni demasiada televisión, pero que sufre por los colores junto a su esposa Noelia, otra fanática. Es de los que cruzan chicanas con amigos hinchas de River. Un futbolista que podría jugar en México, Europa, Estados Unidos o China, pero que siempre extrañará a su familia. No para recluirse, sino porque necesita del afecto, del contacto con los suyos. Ésos que fueron el sostén cuando perdió a su mamá, Alicia, a los 12 años. Un golpe que sacudió los cimientos de una familia numerosa. Alicia falleció mirando un partido de su hijo en los Juegos Nacionales Evita. “Me aferré mucho a mis hermanos. Mi viejo se quedó solo y nos fuimos acomodando. Mi abuela paterna, Dora, se convirtió en nuestra segunda mamá”, recuerda.

El chico que creció en Arsenal y tuvo que ir a rescatar minutos y confianza en Defensa y Justicia y en Gimnasia, de Jujuy, consiguió despegar en México, con goles en Tijuana y América. Hasta que llegó a Boca, su pasión. Y a menos de un año de su arribo, todavía intenta acostumbrarse a los aplausos y a las críticas. Todo eso que amplifica el laberíntico mundo Boca.

Escribo en lugares.

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JAVIER SAUL
@dr_javi
Buenos Aires, Argentina

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