El día en que el malo de la película se metió en la fiesta de la leyenda


LONDRES.– “See the best. Be the next” (“Ver al mejor. Ser el próximo”). El lema del Mundial de Atletismo, un juego de palabras pensado para despedir a Usain Bolt e ilusionarse con lo que vendrá, cobra otro sentido después de lo que pasó ayer en el Estadio Olímpico de Londres. El estadounidense Justin Gatlin silenció a los británicos, Christian Coleman se metió en la discusión y Bolt, el hombre que empezó a decir adiós, se tuvo que conformar con la medalla de bronce. Resultado impensado desde la emoción, pero lógico desde lo deportivo: más allá de las buenas sensaciones que despertaba su despedida, el jamaiquino nunca pudo mostrar su mejor versión en el año y fue superado en semifinales (por Coleman) y en una final en la que el malo de la película se entrometió en la fiesta del campeón. Abucheado por el público durante las dos jornadas de los 100 metros, ya que no le perdonan sus dos sanciones por doping, Gatlin respiró profundo y dio la estocada en el momento justo. Atrás llegó Coleman, el juvenil universitario que sueña con tomar el testimonio de una leyenda que parece retirarse en el momento oportuno.

Su temporada arroja situaciones que explican este final: golpeado por la muerte de su amigo Germaine Mason –medallista olímpico de salto en alto–, Bolt prefirió tomarse su tiempo para volver a las pistas tras sus tres medallas de oro en Río de Janeiro, visita a especialistas que trataron sus dolores en la espalda mediante. Por arriba de los 10 segundos en dos de sus tres presentaciones previas, sólo el empuje de los fanáticos y el sueño de un nuevo capítulo dorado parecían ser los motores de una despedida a lo grande, acorde con su historia. No pudo. Pero se llevó el aplauso y el reconocimiento. Del público y de sus rivales. Gatlin no dio la vuelta al estadio, sólo hizo la reverencia ante su majestad Bolt.

“Mis salidas me están matando. Normalmente las voy mejorando, pero esta vez fue una mala salida detrás de la otra”, se justificó Bolt, de 30 años, desde la técnica. Y reveló que “fue un poco estresante” todo lo que vivió en los días previos. “Sólo estoy decepcionado de no haber hecho una carrera mejor para todos los que me apoyaron. Pero a veces es así”, añadió. Tras 86 carreras en los 100m, su marca quedó en 77 triunfos, siete segundos lugares, una salida en falso que le valió quedarse afuera de la final del Mundial de Daegu, y un tercer puesto. El de ayer. ¡Impresionante currículum!

La última batalla

Sus últimos 100 metros parecían un mano a mano con Coleman, pero fue Gatlin quien apareció por uno de los carriles de la derecha para correr desde atrás y cruzar la meta antes que todos. Cuando nadie se lo esperaba, desactivó el show. Gatlin, de 35 años, pasó la línea de llegada en 9s92
100, por delante de Coleman (9s94/100), Bolt (9s95/100), Yohan Blake (9s99/100), Akani Simbine (10s01/100), el francés Jimmy Vicaut (10s08/100), el local Reece Prescod (10s17/100) y el chino Bingtian Su (10s27/100).

“Somos rivales en la pista y tuvimos una rivalidad a lo largo de los años, pero en el área de calentamiento estábamos bromeando y pasándola bien y me dijo felicidades, trabajaste duro para esto, y no te merecés todos estos abucheos. Así que creo que por todo eso y por lo que hizo en las pistas, Bolt fue fue alguien inspirador a lo largo de mi carrera. Un hombre increíble”, destacó el campeón mundial.

En la previa, todo llevó el sello de Bolt. Por eso tuvo un mayor impacto lo que sucedió después, cuando el reloj marcaba las 21.45 de Londres. Los minutos anteriores a la carrera tuvieron todos los ingredientes de un partido despedida, de un homenaje. “¿Esto es Londres o Kingston?”, se preguntaba el presentador oficial, mientras el estadio aplaudía por igual. Entre banderas británicas y jamaiquinas, que se vendían de manera incesante en un parque olímpico que pocas veces se vio tan concurrido. “Por siempre el más rápido”, aparecía escrito en varios carteles amarillos. De fondo, “Seven Nation Army”, el tema de The White Stripes que fue adoptado como himno en los estadios europeos, generaba el ambiente ideal para la arenga final. Situación que Bolt intentó desactivar en todo momento. No quería perderse en esa atmósfera, y se tomó en serio cada paso que dio. Desde el viernes en las clasificaciones, cuando criticó con dureza los tacos de salida (“de los peores que experimenté”) hasta en la semifinal o en la antesala de la final, cuando miraba a la cámara con una sonrisa, pero también pidiendo un poco de silencio.

Ya sin los 100 metros, habrá que esperar al próximo sábado. Cuando la posta por equipos tenga a Bolt por última vez en competencia. Será la función final del campeón. De un rey sin corona que será leyenda.

El día en que el malo de la película se metió en la fiesta de la leyenda El día en que el malo de la película se metió en la fiesta de la leyenda Reviewed by Javier Saul on 11:42 Rating: 5
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