Un obrero del fútbol que sueña goles antes de convertirlos


SAN PETERSBURGO.- El hombre de la rabona ante Bosnia, el del gol de rodilla contra Nigeria versión 2014 y el autor del tanto agónico que sacudió ayer al Zenit Arena. Cuando todo iba camino al peor cimbronazo futbolístico de los últimos tiempos. Cuando el silencio aturdía en un estadio que era una caja de resonancia. Cuando se olía fin de ciclo y el partido era una ironía macabra para la generación de las tres finales. Cuando todo parecía perdido, Marcos Rojo cambió la historia.

"Estamos más fuertes que nunca", lanzó todavía en la cancha. "Ahora empieza otra copa", añadió. En el vestuario se tomó su tiempo para publicar un mensaje en las redes sociales: "Si estamos todos unidos, a este grupo no le entra una bala". El héroe de la noche blanca en San Petersburgo sabe de qué habla. Elegido por Jorge Sampaoli para el debut frente a Islandia, perdió su puesto para el encuentro con Croacia, pero fue uno de los históricos que regresaron en un partido de tensión propia de una final. La Argentina tenía que ganar para avanzar a octavos, etapa en la que ya esperaba Francia. El empate no le servía, y tenía sabor a derrota.

Pero Rojo conectó un centro lanzado por Gabriel Mercado desde la derecha y le cambió el rumbo a un guion que parecía decidido a tener su punto final. El festejo quedará como la imagen simbólica del partido: el Nº 16 cargó a su espalda a Lionel Messi, que se lanzó desesperado sobre Rojo al ver el golazo. Tras el pitazo final, Marcos se abrazó con sus compañeros en el centro del campo y se tomó su tiempo para ir a una de las plateas y juntarse con su familia y un grupo de hinchas. La retribución perfecta al cariño y el apoyo que recibió de los suyos en los momentos más difíciles. "¡Esto recién empieza!", avisó antes de volver a Bronnitsy, en un vuelo con espíritu amateur: pizza en mano, musicalizó el regreso con temas de La Nueva Luna.

Tras la lesión de abril del año pasado en la rodilla izquierda, llegar a Rusia fue el único objetivo que se impuso el defensor de Manchester United. Los números de la última temporada son contundentes: nueve partidos por Premier League y tres por copas (Champions, FA y Copa de la Liga). En total, 12 encuentros y 912 minutos protagonizados en un año. Nadie jugó menos que él entre los 23 futbolistas que integran el plantel. Sin mucho rodaje, Rojo se recuperó y terminó convenciendo a Sampaoli con actuaciones que fueron de menor a mayor y con un buen trabajo en los entrenamientos, tanto en Ezeiza como en Barcelona y en Bronnitsy. "No jugué mucho pero sabía que mi posibilidad estaba en la gira por Manchester", dijo antes de llegar al búnker argentino en suelo ruso, cuando empezó a ganarle el lugar a Federico Fazio hasta revertir la tendencia y convencer a Sampaoli. El casildense lo esperó hasta último momento, y él le respondió en las prácticas, más allá del flojo desempeño ante España.

La evolución tuvo su pico con la citación para el choque con Islandia, pero su flojo desempeño y las dudas de la última línea terminaron relegándolo y privándolo del segundo partido. A San Petersburgo llegó con el apoyo del grupo y la necesidad del entrenador de confiar en jugadores de experiencia. A los 28 años, el platense pertenece a la lista de argentinos que jugaron las finales del Mundial Brasil 2014, la Copa América 2015 y la Copa América del Centenario 2016 -en la última fue expulsado, algo que aún lamenta pues cree que con once hombres se podía vencer a Chile-.

Firme frente a rivales difíciles de controlar por su físico y autor del gol que puso en carrera otra vez al seleccionado, Rojo fue la figura de un triunfo que tuvo mucho de desahogo. "Les dije a Éver [Banega] y Ota [Nicolás Otamendi] que iba a hacer un gol", reveló. Por eso las risas del final, los abrazos, los gestos de complicidad. Y el recuerdo, ya minimizado, de una mano en los minutos finales que necesitó del VAR para que regresara el alma al cuerpo de los 35.000 argentinos que fueron testigos de la noche en la que Rojo definió de derecha y con el olfato y la precisión de un delantero.

¿Qué hacía ahí? No aceptó entregarse. No podía ver cómo se escapaba otro partido decisivo. No aceptaba que esta generación no tuviera una despedida acorde con sus galones. El esfuerzo que realizó para llegar hasta Rusia no podía no tener su premio.

Un obrero del fútbol que sueña goles antes de convertirlos Un obrero del fútbol que sueña goles antes de convertirlos Reviewed by Javier Saul on 17:55 Rating: 5
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