Un fútbol que tropieza mil veces con los escritorios


Los siete millones de dólares que Boca pagó por Carlos Izquierdoz estuvieron cerca de ser mucho más que un mal trago si el xeneize no sacaba ventaja ante Libertad. Días antes del duelo ante los paraguayos se confirmó que el exdefensor de Lanús debía purgar dos fechas de suspensión en la Copa Libertadores, producto de un golpe en el abdomen a un rival en 2014. Cuentan que el jugador deslizó que posiblemente estuviese inhabilitado, pero que la dirigencia xeneize hizo una lectura demasiado optimista: que los cuatro años transcurridos servían para dejar la pena sin efecto. Error.

Como el que cometieron del otro lado de la cordillera en las últimas semanas. Deportivo Temuco todavía lamenta la oportunidad histórica que desperdició ante San Lorenzo. Era el gran golpe trasandino de los últimos tiempos, pero la inclusión de Jonathan Requena sentenció su suerte. El exfutbolista de Defensa y Justicia no podía firmar planilla para dos equipos en la misma competición. Y firmó.

Al igual que Carlos Sánchez, el gran protagonista de las últimas 48 horas en el fútbol sudamericano. Sus 80 minutos en Avellaneda pueden ser la llave para la clasificación de Independiente. El exRiver, ahora en Santos, jugó sin haber limpiado la sanción que tenía por pegarle a un alcanzapelotas, en la semifinal de la Sudamericana 2015.

En el medio suenan los lamentos de jugadores, entrenadores y dirigentes, las culpas de unos y otros, una insólita reducción de sanciones y una Conmebol que aplica el reglamento, pero que no actualiza sus registros, lo que que deja huecos para la defensa. Deja que los acusados se transformen en víctimas. "La Libertadores es un torneo de barrio por la manera en la que se toman las decisiones", lanzó ayer Ariel Holan. El DT reconoció que jamás habría incluido a Figal o Franco, suspendidos, pero que situaciones como la de Sánchez deben resolverlas las entidades madres y no los clubes. La misma Conmebol que busca europeizarse, con finales a partido único y fixtures anticipados, define sus partidos entre expedientes y escritorios.

En el plano local, mientras tanto, la Superliga pasa de amenazar con "una fuerte sanción" a Huracán por el estado de su campo de juego a aplicar una multa de apenas 500 entradas generales. La culpa no es del césped ni la única cancha en mal estado es la de Parque Patricios, en la que el domingo juega Boca; sin embargo, la sanción, disparada por un reclamo de los dueños de los derechos televisivos del fútbol, puede dar lugar a más tropiezos.

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