El temor es más fuerte


Un clima de época demasiado tenso en el que parece no haber día después de mañana. Una serie que llega con presagio de fin del mundo. Redes sociales que potencian poses y mensajes que necesitan pasar indefectiblemente por el filtro de la desdramatización. Por algún resquicio exagerado se filtra aquello de que “el fútbol no es cuestión de vida o muerte”, que acuñó el mito escocés Bill Shankly, como entrenador de Liverpool, en plena primavera beatle. “Están equivocados, es mucho más que eso”, polemizaba. Algo está claro: pocos hinchas de ambos bandos se animan a hablar del triunfo. Ya se sabe de antemano cómo se manejará la felicidad. La sensación que cruza a miles de fanáticos de River y Boca es la del cómo se reacciona ante la derrota, cómo sigue todo después de una súperfinal de película. Qué sentido tendrá el superclásico después de noviembre. No es pesimismo, ni ánimo derrotista. El principal desafío está en cómo seguir.

“Se paraliza el país”, dispararon el miércoles los jugadores de Boca en el césped del Allianz Parque de San Pablo. Más allá de cuestiones burocráticas, con la protesta de Gremio demorando la confirmación de un Boca-River inédito, en ambos equipos saben que se juegan mucho más que un simple cruce copero. En tiempos de un fútbol que parece ir perdiendo cualquier señal amateur, los jugadores destacan que ahora van por la gloria. Una palabra en desuso que cobra fuerza puertas adentro de los dos vestuarios. “El que gana va por la gloria y el que pierda tendrá que aguantársela”, dijo Pablo Pérez. Palabras medidas. Y necesarias.

Hasta el presidente Mauricio Macri, que hace una semana había confesado que prefería que la final no fuera entre Boca y River, sintió la necesidad de ser más cauto y envió un mensaje un poco más diplomático. “¿Sabés lo que son tres semanas de no dormir? Es mucho, eh... Es una locura. ¿Vos sabés la presión que va a ser eso? El que pierde va a tardar 20 años en recuperarse. Es una final en la que se juega mucho, se juega demasiado. Pero bueno, cada uno tiene su visión, yo creo que sería mejor que uno de los dos que vaya a la final sea brasileño, al que le toque”, había dicho. Cambió de parecer después de las agónica clasificación de River y de la muestra de personalidad de Boca: “Es una gran oportunidad de que podamos vivirlo con todas las cargadas del mundo, con toda la pica que tenemos entre Boca y River antes, durante y después, pero dejándolo en ese plano, en lo deportivo, en absoluta armonía y en paz”.

Ante los ojos del mundo aparece un ida y vuelta que tiene la oportunidad (y el necesario mandato histórico) de dejar atrás la vergüenza del gas pimienta. Sin embargo, el choque parece atado a un sentir popular que lo aleja de la posibilidad de disfrutarlo. El temor es más fuerte. Y solo las palabras de protagonistas y dirigentes parecen servir para bajarle el tono al duelo.

Las semanas que se avecinan tendrán mil partidos en uno. O, mejor dicho, en dos. Una final nunca vista con puntos de contacto con una apuesta a todo o nada. Cada uno pondrá parte de su historia sobre la mesa y ya no hay vuelta atrás. Se habla, se escribe y se debate sobre quién gana más, quién apuesta menos, cuál será el futuro de futbolistas y entrenadores y hasta cómo afectará la definición en el Monumental a la política interna de los clubes. El trabajo de orfebrería que realizó Marcelo Gallardo durante poco más de cuatro años para reconstruir al club y levantar pagarés al por mayor puede tener la perfecta coronación, aunque también se expone a un guiño inoportuno del destino. Enfrente, los mellizos Barros Schelotto saben que tienen en sus manos la pócima de la idolatría eterna. Un cariño xeneize que, en sí mismo, es indiscutible. Un traspié podría sacudir su futuro en el club, pero también tendría un efecto inmediato en una estructura que invirtió millones de dólares, temporada tras temporada, con el único objetivo de volver a conquistar América y que tuvo como plataforma electoral la propuesta de “volver a utilizar el pasaporte”. Las cartas están sobre la mesa, y en el medio aparece un premio como nunca vio ninguno de los protagonistas. Una oportunidad histórica que agigante la grieta futbolera hasta niveles impensados. La Copa Libertadores ya visitó ambas vitrinas, pero jamás en estas condiciones.

“Colapso emocional en Buenos Aires”, titula El País. El diario español describe detalles de un clima de nervios y ansiedad que se vive en las calles de la ciudad. “Con partidos como el próximo Boca-River se triplica el riesgo de infarto. Disfrútalo, no lo sufras. Y si tuviste un problema cardíaco y con el fútbol no la pasás bien, no dejes la medicación y consultá con tu médico”, escribió Jorge Tartaglione, presidente de la Fundación Cardiológica Argentina, en su cuenta de Twitter. Tartaglione dio consejos en la tarde de ayer, y no será el único especialista que trate de encontrarle una conexión médica a lo que pueda pasar en 180 minutos. Los hinchas tienen su propio diagnóstico: manda el temor a la derrota.

El temor es más fuerte El temor es más fuerte Reviewed by Javier Saul on 9:17 Rating: 5
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